ENRIQUE JARDIEL PONCELA

 

Se celebra este año el centenario del nacimiento de ese madrileño menudo y de ojos tristes que era Enrique Jardiel Poncela; aún hoy, cincuenta años después de su muerte, persiste cierta desazón respecto a la obra literaria, principalmente teatral, de un autor que fue blanco de la incomprensión de gran parte de la crítica, de un autor que intentó “renovar la risa” apartándose de la ortodoxia teatral establecida –ni Benavente ni Muñoz Seca- con planteamientos tan audaces e inverosímiles, tan alejados de la realidad y presentados de forma tan desaforada, que resultarán precedentes claros del posterior “teatro del absurdo” de Ionesco o Beckett. La escritura en los Cafés, que alguno definió como “delito de lesa literatura”, los furibundos estrenos donde acudían “cojos embastonados” para armar bronca, los difusos límites entre el éxito y el fracaso de sus obras, amadas y denostadas quizás a partes iguales, sus afinidades políticas, aunque ya en 1947 se declaraba  como demócrata sin ningún tipo de militancia... todo ello formará parte de una obra estrictamente personal

Había nacido el 15 de octubre de 1901 en la calle del Arco de Santa María (hoy Augusto Figueroa) hijo de un periodista y de una pintora, estudió en la Institución Libre de Enseñanza, en la Sociedad Francesa y en los Padres Escolapios de San Antonio Abad (una mezcla que él mismo definió como “explosiva”). Creció en un ambiente intelectual donde “tuvo nociones de lo que era el socialismo antes de tener nociones de lo que era el fútbol”. Empezó a estudiar Filosofía y Letras y pronto colaboró en el diario “La Acción”; de aquí pasaría al periódico donde trabajaba su padre “La Correspondencia de España” con una sección diaria y firmada. Antes de cumplir los veinte años ya frecuentaba el viejo Café Europeo de la Glorieta de Bilbao, lugar donde se reunían, entre otros, jóvenes como Carlos Fernández Cuenca, Manuel Martínez Gargallo y César González Ruano. En 1922 y durante varios años escribiría en las páginas de la revista “Buen Humor”; este mismo año comenzó su carrera literaria publicando en el mismo periódico que su padre un folletón por entregas titulado “El Plano Astral”.

 1927 fue sin duda, un año feliz en la vida de Jardiel, nació (estando él soltero) su hija Evangelina, estrenaría, por vez primera, una comedia suya en teatro, “Una noche de primavera sin sueño” que supuso un giro en su manera de entender el género cómico, e intervendría, también por vez primera, en el guión de la película de Carlos Fernández Cuenca “¡Es mi hombre!”. En noviembre de este mismo año Ramón Gómez de la Serna, el padre del vanguardismo español, había creado un programa de radio conocido como “¿Qué haría usted si perdiera la cabeza?” donde participaban la “pandilla de humoristas” entre los que se encontraba Jardiel. En 1928 Arturo Ruiz-Castillo, editor de “Biblioteca Nueva” que escuchaba habitualmente este programa encargó a Jardiel la escritura de su primera novela larga, el resultado sería  “Amor se escribe sin hache” en cuyo prólogo de 8.986 palabras se autodefine el autor como feo y bajo, pero con un esqueleto proporcionado: “doce grados menos proporcionado que Apolo y veinticinco grados más proporcionado que Quasimodo”.

De septiembre de 1932 a mayo de 1933, estuvo en Hollywood contratado por la Fox, colaborando en algunas versiones españolas de películas americanas.  En Mayo de 1934 y con motivo de la publicación de “Angelina o un drama en 1880  escribiría en su prólogo “el cine es el microbio más nocivo que puede encontrar en su camino un escritor verdadero” para vindicar a continuación el “mando único” que ejercía Chaplin en sus películas, donde la labor del escritor, director, montaje, decoración e incluso música debían estar unificadas en una única persona: el AUTOR; cuestión que será posteriormente jalonada por los críticos de Cahiers du Cinéma. 

En septiembre de 1933 y por encargo de la Casa Fox realizará en los Estudios de Billancourt cerca de París “Celuloides rancios”, una recopilación de seis películas cortas americanas del periodo mudo a las que acompañaba de ingeniosos comentarios; era lo que se conocía como  “cine retrospectivo comentado”. Entre las películas objeto de sana mofa,  podemos encontrar la célebre “Asalto y robo de un tren” de Edwin S. Porter (1903) donde en el famoso tiroteo final se tiene cuidado de no dar a los caballos porque “un actor es fácil de sustituir, pero un caballo cuesta mucho más caro” incluyendo una moraleja final: “el cine acabará como empezó: ¡a tiro limpio!”. El éxito de esta producción, actualmente desaparecida, fue enorme.

Poco después, de julio de 1934 a abril de 1935 volvería a Hollywood, para colaborar en el guión cinematográfico de su obra “Angelina o un drama de 1880” más conocida como “Angelina o el honor de un brigadier”, película que afortunadamente se conserva.

En el otoño de 1937, durante una breve estancia en Buenos Aires se le ocurrió recopilar en un único tomo alguno de sus trabajos cortos publicados en revistas como “Buen Humor”, “Nuevo Mundo”, “Gutiérrez”, “Ondas” y “Blanco y Negro”, o en diarios, como “La Voz”, “El Sol” e “Informaciones”; este libro se conocería como “El libro del convaleciente”. Poco después, en 1943, publicaría un segundo tomo de recopilación de textos titulado “Exceso de equipaje”, donde merece especial atención el capítulo dedicado a sus viajes por los Estados Unidos.

Antes de que estallara nuestra incivil guerra, ya había estrenado en España media docena de obras; aún siendo ya un autor conocido por el gran público, el verdadero éxito le llegará durante la posguerra, contribuyendo sin duda a hacer más llevaderos aquellos tiempos de pan negro  y de cartillas de racionamiento.

En 1938, Enrique Jardiel Poncela debuta como realizador cinematografico con “Celuloides cómicos”, obra que sin embargo había iniciado dos años antes; cinco cortos con los títulos de “Definiciones”, “Ocho gotas de agua”, “Letreros típicos”, “Un anuncio y cinco cartas” y “Presentación del fakir Rodríguez”. El trabajo publicado en 1928 en el semanario “Gutiérrez”, “Nuevas cartas de mujeres y una de hombre”, así como “Presentación del fakir Rodríguez” y “Como contesta el eco” publicadas en la revista “Buen Humor” también en 1928, servirían de base para los dos últimos cortometrajes citados, que por otra parte son los únicos que se conservan y que se incluyen en el presente ciclo de Filmoteca.

En noviembre de 1944 Jardiel había regresado de su viaje por Sudamérica con su Compañía de Comedias Cómicas, un periplo que inició en Argentina, donde en cinco meses estrenó siete obras con aceptable éxito de crítica y público; en el Teatro Artigas de Montevideo (Uruguay) se registró un grave incidente cuando un grupo de personas pretendió irrumpir violentamente en la sala; a consecuencia de este altercado Jardiel suspendió su gira por Uruguay, regresando a Buenos Aires, donde permaneció durante un mes con la Compañía parada, lo que le supuso un serio revés económico. Regresó a España dolido y enfermo del cáncer que acabaría con su vida.

Aún tuvo tiempo en 1946 de recibir el Premio Nacional de Teatro llamado “Jacinto Benavente” por su obra “El sexo débil ha hecho gimnasia”. En 1948 escribiría su última obra “Los tigres escondidos en la alcoba”.

            A la edad de 50 años su cuerpo dejó de existir un 18 de febrero de 1952 en su domicilio madrileño de la C/ Infantas, pero sus obras y nuestras risas permanecerán para siempre con nosotros.

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Enrique Jardiel Poncela y el Cine:

 

Como director:

.- “Celuloides rancios” (1933)

.- “Celuloides cómicos” (codirigida con Luis Marquina, 1938). Según algunas fuentes, Luis Marquina no intervino en este rodaje.

.- “Mauricio o una víctima del vicio” (1940)

 

Como actor:

.-“Primavera en otoño” (Eugene Forde, 1933)

.-“Una viuda romántica” (Louis King, 1933)

 

Como guionista:

.- “Es mi hombre” (Carlos Fernández Cuenca, 1927)

.-“Celuloides rancios” (Varios directores, 1933)

.-“Se ha fugado un preso” (Benito Perojo, 1933)

.-“La melodía prohibida” (Frank Strayer, 1933)

.-“Nada más que una mujer” (Harry Lachman, 1934). Existen dudas respecto a la participación de Jardiel en el guión.

.-“¡Asegure a su mujer!” (Lewis Seiler, 1934)

.-“Angelina o el honor de un brigadier” (Louis King, 1935). Basada en su propia obra teatral.

.-“Es peligroso asomarse al exterior”(Alejandro Ulloa, 1945). Basada en su propia obra teatral.

 

Películas basadas en sus obras teatrales:

.-“Usted tiene ojos de mujer fatal”. Escrita en 1932, ha conocido tres versiones cinematográficas: Juan Parellada en 1936, Ramón Peón en 1945  y José María Elorrieta en 1962.

.-“Las cinco advertencias de Satanás”. Obra de 1935 y su favorita; se han realizado dos versiones cinematográficas: Isidro Socías, 1937 y José Luis Merino, 1969.

.- “Margarita, Armando y su padre”. Rodada en 1938 en Argentina por Francisco Múgica.

.-“Los ladrones somos gente honrada”. Obra de 1940, cuya base ya figuraba en un cuento de 1928 “Una vida extraordinaria o el poder de la imaginación”. Su estreno en teatro contó con la participación de Fernando Fernán-Gómez en un excelente papel secundario. Se han realizado dos versiones cinematográficas: Ignacio F. Iquino en 1941 y Pedro L. Ramírez en 1956.

.-“Eloísa está debajo de un almendro”. Obra de 1940, sólo se ha rodado una única versión dirigida en 1943 por Rafael Gil. En el 2001 Mara Recatero montaría una nueva versión teatral.

.-“Los habitantes de la casa deshabitada”. Obra de 1942. Dos son las películas que se han rodado, Gonzalo Delgrás en 1946 y Pedro L. Ramírez en 1959, si bien, en este último caso se estrenó con el título de “Fantasmas en la casa”. Al igual que en “”Eloísa...” Mara Recatero dirigió en 1998 una nueva versión teatral.

.-“Un marido de ida y vuelta”. Una única adaptación  dirigida en 1957 por Luis Lucia.

.- “Tú y yo somos tres”. Obra de 1945, dirigida para el cine por Rafael Gil en 1962. En 1949 el propio Poncela escribió un avance del guión cinematográfico que iba a ser producido por los Estudios Ballesteros y que finalmente no se materializó.

.-“Un adulterio decente”. Obra de 1935 que inicialmente se titulaba “El pulso, la respiración y la temperatura”; fue llevada al cine por Rafael Gil en 1969.

.-“Las siete vidas del gato”. Una única adaptación  dirigida en 1970 por Pedro Lazaga.

.-“Blanca por fuera y Rosa por dentro”. Obra de 1943, realizada por Pedro Lazaga en 1971. Supone hasta el momento la última adaptación cinematográfica de una obra de Jardiel.

 

(Cortesía de Ernesto J. Pastor, AEHC)